¿Cuántos pasos caminaste hoy? ¿Dormiste las horas suficientes? ¿Consumiste más calorías de las recomendadas? Cada vez más personas responden estas preguntas a través de aplicaciones, relojes inteligentes y plataformas que prometen mejorar la salud y el bienestar. Pero ¿qué sucede cuando la búsqueda de una vida más saludable se transforma en una exigencia permanente?
Ese fue el punto de partida de la columna de la politóloga Piera Fernández en Infobae a la Tarde, donde analizó el fenómeno de la cuantificación de la vida cotidiana y advirtió sobre la creciente presión por optimizar cada aspecto de la experiencia humana.
Cuando la vida se convierte en una planilla de datos
Fernández relató su propia experiencia con una aplicación que calcula calorías a partir de fotografías de comidas. El sistema incluía un componente lúdico: una mascota virtual que reaccionaba según las elecciones alimentarias del usuario
“Tenés un mapache que se pone feliz o triste según lo que comés”, explicó. Sin embargo, la dinámica terminó generándole una situación tan absurda como reveladora. “Le mentía al mapache. Cuando comía mal no lo cargaba y después le sacaba una foto a una manzana”
La anécdota abrió una reflexión más amplia sobre el modo en que las plataformas digitales reemplazan criterios profesionales por algoritmos y parámetros estandarizados. “Hoy lo hace una aplicación o una balanza, sin necesariamente tener el criterio que puede aportar un nutricionista que conoce tu situación particular”, señaló.
“La cuantificabilidad de absolutamente todo lo que hacemos para optimizar el bienestar personal se volvió una aspiración permanente”, sostuvo.
La presión sobre el cuerpo y los estándares imposibles
La conversación derivó luego hacia el debate público generado por el cruce entre Valeria Mazza y Evelyn Botto sobre el peso, la disciplina y los condicionamientos biológicos.
Durante el intercambio, Paula Guardia Bourdin aportó un matiz sobre las razones que explican la popularidad de estas herramientas. “Entiendo perfectamente que una persona busque alguna sensación, aunque sea ilusoria, de control a través de medir las calorías o los pasos”, reflexionó.
Lo que no puede medirse
Hacia el final de la columna, Fernández propuso detenerse en dos preguntas que, según consideró, ayudan a tomar distancia de la lógica de la autooptimización permanente: qué dicen realmente esas métricas sobre una persona y cuánto de esa exigencia surge de una decisión propia y cuánto responde a expectativas sociales.
La reflexión final quedó en manos de Guardia Bourdin, quien sintetizó el debate con una frase que resonó en el estudio: “Las cosas tienen precio. Las cosas tienen métricas. Las personas tenemos dignidad, y la dignidad no se mide”.
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INFOBAEZ







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