A nuestro cerebro le sientan de maravilla los desafíos; sin embargo, no todo tiene que ser un trabajo arduo para obtener beneficios para la salud.
Aquí te presentamos tres formas sencillas y divertidas para proteger nuestros cerebros a medida que vamos envejeciendo.
Si tuvieras dos opciones —una tarea fácil y otra difícil—, ¿cuál elegirías? Lo más probable es que todos optáramos por la tarea fácil, y con razón.
Tomar atajos mentales es algo inherente a nuestra biología, una estrategia evolutiva diseñada para conservar nuestra energía.
La tecnología no ha hecho más que potenciar esta capacidad. Es por esto que nos resulta tan tentador tomar atajos y completar las tareas con la menor fricción posible.
1. Navegación espacial
Y una detección temprana es crucial, añade: "Cuanto antes identifiquemos [los deterioros cognitivos], más rápido podremos tomar medidas al respecto".
Por consiguiente, proteger esta zona del cerebro podría contribuir a prevenir o retrasar la aparición de los síntomas.
Por ejemplo, diversos estudios revelan que los conductores de ambulancias y de taxis presentan una de las tasas de mortalidad asociada al Alzheimer más bajas en comparación con otras profesiones; esto se debe, según proponen los investigadores, precisamente a que dichos conductores han ejercitado en mayor medida su cerebro en tareas de "procesamiento espacial".
Asimismo, se sabe desde hace tiempo que los taxistas que han dedicado años a memorizar el callejero de la ciudad sin recurrir a mapas poseen un hipocampo de mayor tamaño.
Del mismo modo, un estudio realizado con hombres sanos que realizaron una tarea de navegación espacial durante cuatro meses reveló una mejora en sus habilidades de orientación y ninguna pérdida de volumen hipocampal; en cambio, los participantes del grupo de control (aquellos que no realizaron la tarea) sí experimentaron la contracción cerebral esperada asociada al envejecimiento.
No está claro si potenciar esta región del cerebro podría prevenir la demencia, pero generar una mayor reserva cognitiva podría ofrecer una protección adicional.
Esto ayuda a explicar por qué, tal como señala Chan, los análisis cerebrales post mortem han revelado que algunos ancianos presentaban extensas alteraciones en el tejido cerebral asociadas al Alzheimer, a pesar de no haber manifestado síntoma alguno en vida.
Una de las razones de este fenómeno, según él, radica en que su "andamio cerebral" debía ser sumamente robusto —posiblemente gracias a su estilo de vida, si bien se cree que los factores genéticos también desempeñan un papel importante.
Y, a pesar del creciente riesgo de demencia a medida que envejecemos, Chan sostiene que el hecho de que haya personas que no manifiestan síntomas debería resultar alentador para todos nosotros.
2. Una vida social activa
En consonancia con esto, numerosas líneas de investigación han demostrado que mantenernos socialmente activos nos protege del deterioro cognitivo.
Por ejemplo, los centenarios que tienen una mayor participación en la sociedad tiene una mejor salud cerebral, mientras que participar en actividades sociales durante la mediana edad se ha asociado con una mayor capacidad cognitiva general en la vejez.
Esto también ha sido corroborado por un amplio estudio observacional, que halló que aquellas personas que se mantuvieron más activas socialmente durante la mediana y la tercera edad presentaban un riesgo de demencia entre un 30% y un 50% menor, dado que dicha actividad aumentaba su reserva cognitiva, tal como señalan los autores.
Mantenerse socialmente activo también puede retrasar la aparición de los síntomas.
Según un estudio realizado con 1.923 participantes de edad avanzada —y centrándose en aquellos que terminaron desarrollando demencia—, quienes habían sido menos activos socialmente desarrollaron la enfermedad cinco años antes que aquellos que fueron más activos.
Se cree que esto se debe a que mantener una vida social activa ayuda a reducir el estrés, haciéndonos más resilientes ante los desafíos de la vida.
El estrés crónico, por el contrario, se ha vinculado con la pérdida de neuronas en el hipocampo.
3. Aprendizaje de por vida
Un importante factor predictivo de un buen envejecimiento es la cantidad de años que un individuo le dedica a la educación.
Aquellas personas que pasan más tiempo formándose presentan un riesgo reducido de desarrollar demencia.
El aprendizaje a lo largo de toda la vida puede contribuir a fomentar los mismos beneficios protectores para la salud.
Nuestro cerebro prospera ante los desafíos y la novedad, ya que esto fortalece las áreas cerebrales más vulnerables al envejecimiento.
Se ha demostrado que, al mantener activo nuestro cerebro, se ralentiza el deterioro cognitivo.
Una razón fundamental de este fenómeno es que el aprendizaje genera nuevas neuronas y, al mismo tiempo, fortalece las ya existentes, lo cual puede actuar como un mecanismo de protección frente al envejecimiento y la muerte celular.
Esto constituye la neuroplasticidad en acción: la capacidad del cerebro para adaptarse y transformarse a lo largo de toda nuestra vida.
"Es precisamente esa plasticidad, y esa capacidad de regenerar nuevas células nerviosas y sinapsis, lo que confiere a las personas resiliencia frente al Alzheimer", afirma Chan.
BBC







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