Según informaciones que circulan, existen más de siete puntos donde se estaría realizando esta práctica.
Y lo más alarmante: una mujer perdió la vida recientemente en uno de estos lugares. Hasta el momento, solo se ha dicho que “estaba orando”. Pero aquí hay preguntas que deben hacerse con responsabilidad: • ¿Quién sabía que esas personas estaban allí? • ¿Qué condiciones de seguridad tenían? • ¿Cómo se responde ante una emergencia médica en un monte aislado? • ¿Quién supervisa estos encuentros? Esto no es un ataque a la fe. Esto es un llamado urgente a la prudencia. Porque la fe no está reñida con la seguridad. Dios no manda a nadie a ponerse en peligro. Irse a un monte, de noche, en lugares sin acceso, sin comunicación, sin control, abre la puerta a tragedias: deshidratación, ataques, accidentes, emergencias médicas, violencia o cualquier situación que nadie pueda atender a tiempo. Aquí hay una doble responsabilidad: 🔹 De quienes organizan estos campamentos improvisados. 🔹 De las autoridades, que deben saber que esto está ocurriendo antes de que vuelva a pasar algo peor. La oración no necesita clandestinidad. La fe no necesita aislamiento extremo. Y la espiritualidad no debe costar vidas. Hoy el llamado es claro: Que los líderes religiosos orienten. Que las autoridades investiguen. Y que los creyentes entiendan que cuidar la vida también es honrar a Dios. Publicado por- Ricardo Rosario







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