Hoy hablo sobre el caso de Julián Oro Duro, luego de que uno de los implicados se entregara y describira las atrocidades que, según su testimonio, habrían cometido. Más allá de los detalles que estremecen, hay algo que como sociedad debemos preguntarnos: ¿hacia dónde vamos? El morbo, la parafernalia, el deseo de aparecer y ese afán de convertirlo todo en un espectáculo cada día parecen permear una parte de nuestra juventud. Y esto no se trata solamente de señalar a los responsables de un hecho determinado. También debemos preguntarnos qué estamos haciendo como sociedad, qué valores estamos transmitiendo y qué estamos permitiendo que nuestros jóvenes consuman, imiten y normalicen. Porque cuando la violencia, el dinero fácil, las armas, el poder y la ostentación comienzan a verso como símbolos de éxito, estamos frente a un problema mucho más profundo. No podemos acostumbrarnos a que la barbarie se convierta en contenido y que el morbo termine ganándole a los valores. Hay que hablar de esto. Hay que cuestionarnos. Y, sobre todo, hay que recuperar el valor de educar, orientar y poner límites antes de que tengamos que lamentar más tragedias.
Publicado por- Ricardo Rosario







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