Las personas no nacen con una personalidad definida, sino que la van construyendo a medida que crecen. Y si hay una etapa decisiva en ese proceso, esa es la infancia. Todo lo que nos rodea durante esos primeros años, el contexto en el que vivimos, las personas que nos educan, los referentes a los que admiramos, los juegos, las experiencias e incluso las dificultades a las que nos enfrentamos, va moldeando la forma en la que entendemos el mundo y reaccionamos ante él.
Por eso, la psicología lleva años estudiando cómo las circunstancias históricas de cada generación han condicionado su manera de pensar, sentir y afrontar los problemas. En el caso de quienes nacieron entre 1945 y 1965, los expertos creen que compartieron una experiencia que les proporcionó una ventaja emocional que aún hoy los distingue.
Los investigadores del comportamiento humano sostienen que muchas personas pertenecientes a la generación del baby boom desarrollaron una notable capacidad para gestionar sus emociones, tolerar la incertidumbre y distinguir qué problemas merecen realmente su atención. No se trata de una característica innata ni de un rasgo exclusivo de esa generación, sino del resultado de haber crecido en un contexto marcado por profundas transformaciones sociales, económicas e históricas.
FUENTE:OKDIARIO







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