No podemos permitir que se normalice el discurso de que estudiar no vale la pena y que los jóvenes simplemente deben “buscarse su cuarto como sea”.
Ese mensaje es peligroso. Si renunciamos al valor de la educación, estaremos condenando a las futuras generaciones a creer que el éxito solo se consigue por atajos.
Claro que estudiar no garantiza el éxito inmediato, pero sigue siendo una de las herramientas más poderosas para cambiar realidades, abrir oportunidades y elevar nuestra calidad de vida.
No claudicemos. Motivemos a nuestros jóvenes a prepararse, a capacitarse y a creer que el conocimiento siempre será una inversión, nunca una pérdida.







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