27.5.26

El proyecto fruto de la Segunda Guerra Mundial que hace que los japoneses sufran cada vez más alergias

 En febrero, unos videos que mostraban lo que parecían columnas de humo saliendo de un bosque se viralizaron en Japón. Sin embargo, no era humo, sino polen, y las grabaciones sirvieron de advertencia a decenas de millones de habitantes del archipiélago: prepárense con mascarillas y medicamentos contra las alergias.


Cada primavera —que ahora llega antes en Japón debido al cambio climático— se ve a personas de todas las edades usando mascarillas en las calles de las ciudades de todo el país. ¿El motivo? La fiebre del heno provocada por el polen.

La fiebre del heno, también conocida como rinitis alérgica, se ha convertido en una crisis nacional en Japón, con alrededor del 43% de la población experimentando síntomas de moderados a graves. Esto se compara con el 26% en Reino Unido y entre el 12% y el 18% en Estados Unidos.

Además de las molestias, estas alergias pueden provocar insomnio y dificultad para concentrarse, y quienes las padecen tienen mayor probabilidad de sufrir otras afecciones como asma y alergias alimentarias.

En el punto álgido de la temporada de alergias en Japón, el impacto económico derivado de las bajas laborales y la disminución del gasto de los consumidores se estima en US$ 1.600 millones diarios.

El problema se ha agravado desde que estos árboles liberan cada vez más polen al alcanzar los 30 años de edad, algo que ocurre prácticamente con todos ellos.

"Las alergias al polen se han convertido en un problema de salud pública en Japón. Es urgente abordar este problema", agrega Sato.

En 2023, Japón declaró a las alergias como un problema social nacional y el gobierno central estableció un ambicioso plan: reducir el polen en un 50% en 30 años. Como primer paso, se propuso reducir en un 20% las áreas forestales plantadas con árboles de sugi.

Pero reemplazar bosques que cubren más del 2% del territorio japonés en 10 años es una tarea titánica. Además, talar estos árboles no será suficiente; también es necesario reemplazarlos con nuevos bosques para evitar la erosión del

Regreso a la vida

Caminar por las plantaciones de sugi o hinoki resulta inquietante: todos los árboles tienen la misma altura y hay pocas aves o insectos. El suelo es esponjoso, cubierto de agujas secas, y apenas hay luz ni sonido.

Es un marcado contraste con los bosques naturales de Japón, que rebosan de biodiversidad y sonido. Con sus diversas especies arbóreas, como el pino rojo, el alerce y el arce, estos bosques albergan una mayor variedad de fauna y flora silvestres.

La geografía única de Japón lo ha convertido en uno de los puntos calientes de la biodiversidad del mundo, pero la pérdida de hábitats y las especies invasoras han provocado que gran parte de su fauna y flora únicas se encuentren cada vez más en peligro.

Dado que las plantaciones forestales de monocultivo causan tantos problemas, es lógico que Japón esté intentando ahora sustituirlas por algo mejor. Pero se trata de un reto abrumador. ¿El motivo? Japón tiene muchos bosques.

Japón, de hecho, es uno de los países industrializados con mayor superficie forestal del mundo, ya que los bosques cubren el 68% de su territorio, de los cuales un tercio son plantaciones de sugi y hinoki. En cambio, Estados Unidos tiene un 34% de superficie forestal y en Reino Unido, solo un 13%.

En todo Japón, los bosques se encuentran justo al lado de las ciudades. El japonés incluso tiene una palabra para la zona de transición entre la ciudad y el bosque: satoyama.

Aun antes de la declaración gubernamental de 2023, algunos actores locales y organizaciones sin fines de lucro habían comenzado a trabajar para transformar estos bosques en ecosistemas biodiversos, y algunos ya están viendo los beneficios.

Amenaza climática

La urgencia de actuar también aumenta debido a otro factor imprevisto: el cambio climático. En todo el mundo, las variaciones de temperatura y las condiciones meteorológicas están afectando la dispersión del polen, y Japón experimentó su dispersión de polen más temprana de la historia en 2025.

"La dispersión del polen está muy influenciada por las condiciones meteorológicas, como la temperatura y el viento", explica Mai Sato, vocero de la Asociación Meteorológica de Japón (JWA, por sus siglas en inglés), una empresa de pronósticos que publica regularmente previsiones de polen para el público.

Los vastos bosques de Japón también almacenan enormes cantidades de carbono, y las plantaciones de sugi son responsables de casi la mitad del carbono que sus bosques capturan cada año.

Japón depende en gran medida de esta captura de carbono para alcanzar su objetivo de cero emisiones netas y lo incentiva con un sistema de créditos de carbono.

Sin embargo, desde 2004, Japón ha observado una tendencia decreciente en la cantidad anual de carbono absorbido, lo que atribuye a la madurez de sus bosques.

Las investigaciones han demostrado que, dado que los árboles viejos absorben menos carbono, la tala selectiva de árboles viejos y la plantación de especies nuevas, más jóvenes y diversas serán esenciales para que los bosques de Japón sigan siendo un sumidero de carbono eficaz.

El Ministerio de Agricultura, Silvicultura y Pesca de Japón no respondió a la solicitud de comentarios sobre cómo los planes para replantar bosques de sugi y hinoki podrían afectar sus objetivos climáticos.

Antes de la década de 1960, Japón ni siquiera tenía una palabra para la fiebre del heno. La polinosis del cedro japonés se identificó por primera vez en 1963 y, según los investigadores de la época, era una enfermedad nueva en el país.

Se espera que, con el regreso de bosques más diversos, Japón pueda algún día volver a disfrutar de primaveras sin estornudos.

*Este artículo fue publicado originalmente por BBC Future. Haz clic aquí para leer la versión original en inglés.

BBC

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