Hoy hablo sobre una situación que refleja el nivel de intolerancia y confrontación al que estamos llegando como sociedad. Un individuo decidió perseguir y grabar a un hombre trabajador que se desplazaba en su vehículo rumbo a una estación de combustible, simplemente porque supuestamente no llevaba puesto el cinturón de seguridad.
Pienso firmemente que una persona de trabajo no merece ser acosada ni expuesta de esa manera. Una cosa es señalar una falta y otra muy distinta es provocar, perseguir y llevar una situación hasta un punto de no retorno. Lamentablemente, cuando la prudencia desaparece y las personas entienden que las redes sociales les dan derecho a humillar o perseguir a otros, terminamos viendo conflictos que escalan innecesariamente. Debemos aprender a corregir sin provocar y entender que detrás de cada volante hay un ser humano con emociones, problemas y límites. La convivencia social no puede seguir convirtiéndose en un escenario de persecución y confrontación constante.
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