En La Romana tenemos un regalo de la naturaleza que muchos pueblos quisieran tener: Río Dulce.Un espacio que pudiera ser orgullo local, punto de encuentro familiar y atractivo para el turismo interno y extranjero. Pero hoy, lo que vemos es abandono. Falta de visión. Mediocridad administrativa. Y funcionarios que, cuando llegan al poder, se enfocan más en sus asuntos personales que en el bienestar colectivo. Río Dulce no necesita millones… Necesita voluntad, planificación y amor por la ciudad. Iluminación. Limpieza constante. Seguridad. Senderos. Zonas de descanso. Señalización. Promoción turística. Eso transforma un lugar olvidado en un parque ecológico modelo para toda la región Este. Cuando un funcionario es elegido, no es para servirse… Es para servir. Miremos lo poco que tenemos… Y hagámoslo grande. Porque el desarrollo no siempre comienza con grandes obras, A veces comienza con cuidar bien lo que Dios ya nos regaló. 🌿







0 comments:
Publicar un comentario