Hoy vivimos una distorsión peligrosa:
a lo malo le dicen bueno… y a lo irresponsable, libertad de expresión. No todo el que tiene seguidores tiene autoridad moral. No todo el que habla duro tiene la verdad. La libertad de expresión no es licencia para difamar, manipular ni convertir el morbo en negocio. Cuando el escándalo sustituye la responsabilidad, el discurso se corrompe. Y eso… nos está pasando como sociedad.Vea el video para mas detalles:







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