Da pena y vergüenza que dominicanos en el exterior, que pasan años trabajando duro para ahorrar y regresar a su tierra con el sueño de tener un techo propio, terminen siendo víctimas de redes de constructores corruptos. Personas que confiaron en su país. Que enviaron su dinero con ilusión. Que apostaron por retirarse dignamente en su patria. Y el Estado… ausente. No existe un mecanismo especial de protección para la diáspora al momento de invertir en bienes raíces. No hay una ventanilla única que garantice seguridad jurídica real. No hay seguimiento. No hay prevención. Y cuando son estafados, tampoco hay respuestas rápidas. Pero en campaña sí los recuerdan. Ahí sí los buscan. Ahí sí los llaman “héroes de la economía”. Ahí sí quieren la foto, el video y el voto en el exterior. Mientras tanto, estas redes han convertido la estafa inmobiliaria a la diáspora en un negocio redondo. Esto no es solo un fraude económico. Es una traición moral a quienes sostienen gran parte de nuestra economía con sus remesas. La diáspora no necesita discursos patrióticos. Necesita protección, regulación y justicia. Porque quien envía dólares por amor a su país, no merece recibir engaño a cambio. 💔🇩🇴
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