Hace unos días vimos el caso de un agente de la Policía Nacional de la República Dominicana que abofeteó a un ciudadano. El hecho quedó grabado. Hubo indignación. Hubo ruido. Y al final… una disculpa.
Y yo me pregunto: ¿Una disculpa es suficiente cuando ya se ha herido la dignidad de una persona? Porque el perdón es un acto humano, sí. La empatía es necesaria, claro. Pero el resarcimiento es justicia. Si esa escena no hubiese quedado grabada, probablemente hoy no estuviéramos hablando de esto. Y más aún… ¿Qué hubiese pasado si fuera al revés? Si el ciudadano abofetea al policía, ¿bastaba una disculpa? Todos sabemos la respuesta. Entonces aquí es donde el tema deja de ser un simple incidente y se convierte en un espejo social. No se trata de destruir a nadie. No se trata de linchar públicamente. Se trata de entender que el uniforme no da permiso para humillar, y que la dignidad del ciudadano no se negocia con una disculpa. Porque cuando no hay consecuencias proporcionales, el mensaje que queda en la sociedad es peligroso: 👉 Que hay errores que se perdonan rápido… dependiendo de quién los cometa. El perdón sana, sí. La empatía humaniza. Pero el resarcimiento educa. Y sin resarcimiento, lo que queda no es justicia… Es precedente.







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