Durante miles de años, todos los seres humanos compartieron un mismo rasgo: ojos marrones. El optometrista explica cómo una única mutación genética cambió para siempre el color de nuestra mirada
Alberto Villarroya, optometrista, ha lanzado un dato que sorprende a muchos: hubo un tiempo en el que todos los seres humanos tenían los ojos marrones. Según explica, “hasta hace 10.000 años, el 100% de los ojos eran de color marrón”, una realidad muy distinta a la diversidad cromática que vemos hoy en día.
Actualmente, los ojos claros son minoritarios a nivel mundial. Tal y como detalla el especialista, apenas un 8% de la población tiene los ojos azules, alrededor de un 3% los tiene grises y entre un 1% y un 2% verdes. La inmensa mayoría de los habitantes del planeta conserva el tono marrón, que sigue siendo el más frecuente.
Una mutación lo cambió todo
El origen de los ojos azules no responde a una cuestión estética ni cultural, sino genética. Villarroya explica que su aparición se asocia a “una mutación genética, probablemente en la región del mar Negro al final de la última glaciación”. Ese pequeño cambio en el ADN redujo la producción de melanina en el iris, el pigmento responsable del color oscuro.
A partir de esa primera alteración genética fueron surgiendo nuevas variantes. “Dieron lugar a ojos verdes, grises y avellana, todos ellos derivados de combinaciones de menor cantidad de melanina”, señala el optometrista. Es decir, no aparecieron nuevos pigmentos, sino distintas gradaciones en la cantidad de melanina presente.
Ojos azules… sin pigmento azul
Uno de los aspectos más llamativos que subraya el experto tiene que ver con la física de la luz. Aunque percibamos tonos azules, verdes o grises, en realidad esos colores no existen como tal dentro del ojo. “En ninguno de ellos existe ningún pigmento, ni azul, ni verde ni gris”, afirma.
Lo que ocurre es un fenómeno óptico. El color claro es el resultado de la dispersión de la luz cuando penetra en el iris y se encuentra con una menor cantidad de melanina. Ese efecto hace que el ojo refleje determinadas longitudes de onda, generando la sensación visual de azul, verde o gris
La explicación científica desmonta la idea de que cada color de ojos dependa de un pigmento específico. La diferencia entre un iris marrón y uno azul no está en la presencia de un nuevo colorante, sino en la cantidad de melanina y en cómo interactúa la luz con esa estructura.
EL CONFIDENCIAL







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