Este 30 de enero es el Día Mundial de las Enfermedades Tropicales Desatendidas (ETD).
El impulso de organismos internacionales como la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización Panamericana de la Salud (OPS) busca revertir una tendencia histórica: las ETD permanecen, en gran medida, fuera del foco de atención.
El carácter “desatendido” que define a este grupo emerge, según la OMS, no solo de su escasa visibilidad en las agendas internacionales, sino de la subinversión crónica en investigación, vigilancia epidemiológica y acceso a tratamiento. El organismo enfatizó: “Las ETD son enfermedades que afectan a poblaciones desatendidas y que hacen que se perpetúe en ellas un ciclo de resultados educativos deficientes y oportunidades profesionales limitadas; además, están asociadas a la estigmatización y la exclusión social”.
El repertorio de ETD es extenso y heterogéneo. El listado incluye la úlcera de Buruli, la enfermedad de Chagas, el dengue y el chikunguña, la dracunculosis, la equinococosis, la trematodiasis de transmisión alimentaria, la enfermedad del sueño, la leishmaniasis, la lepra, la filariasis linfática, el micetoma, la cromoblastomicosis y otras micosis profundas, la noma, la oncocercosis, la rabia, la sarna y otras ectoparasitosis, la esquistosomiasis, helmintiasis transmitidas por el suelo, envenenamiento por mordedura de serpiente, teniasis y cisticercosis, tracoma y pian.
El complejo ciclo de transmisión, a menudo ligado a vectores y reservorios animales, complica los operativos de control, como describieron especialistas de la OPS. La epidemiología de las ETD no solo depende de los patógenos —virus, bacterias, parásitos, hongos o toxinas— sino también de la precariedad de servicios sanitarios en comunidades remotas o rurales.
En una entrevista a la OPS, Ana Lucianez Pérez, experta en Enfermedades Infecciosas Desatendidas, explicó: “Los datos de alta calidad son esenciales para diseñar intervenciones que respondan realmente a lo que está ocurriendo sobre el terreno. Sin información confiable, los países no pueden ver dónde se está produciendo la transmisión, decidir qué acciones son necesarias ni evaluar si esas acciones están funcionando. Cuando los datos faltan o son incompletos, no solo se afecta la planificación, sino que se permite que la transmisión continúe sin control. Esto retrasa los avances y debilita los esfuerzos para prevenir, controlar y, en última instancia, eliminar estas enfermedades”.
Pérez recalcó que uno de los principales obstáculos para reducir la carga de las ETD es su impacto desproporcionado sobre personas que viven en entornos alejados de los centros urbanos, donde la infraestructura sanitaria y el personal capacitado escasean.
“El simple hecho de llegar a estas comunidades puede ser logísticamente complejo y costoso. Además, el acceso a los diagnósticos suele ser limitado, los sistemas de vigilancia pueden ser débiles y la recopilación de datos puede estar fragmentada. Todo esto conduce a un subregistro. Y cuando los datos no son confiables, la verdadera carga de la enfermedad permanece oculta, lo que dificulta abogar por el financiamiento y los recursos humanos que realmente se necesitan”, sostuvo la asesora de la OPS.El impacto del cambio climático y otros factores
En América Latina y otras regiones tropicales, el cambio climático ha irrumpido como un nuevo desafío, alterando la estacionalidad de varias enfermedades. La infectóloga Susana Lloveras, docente en la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires, advirtió que durante 2024 no se registraron “silencios” epidemiológicos en provincias del norte argentino, como Formosa, donde el dengue persiste aún durante meses tradicionalmente fríos.
La especialista precisó: “Este fenómeno se explica por una combinación de factores, entre ellos la urbanización desordenada, el aumento sostenido de las temperaturas y una variabilidad climática extrema. Estas condiciones no solo favorecen la proliferación del mosquito Aedes aegypti, sino también su expansión hacia regiones donde históricamente no estaba presente, ampliando el riesgo de transmisión en gran parte del país”.
La región centro de la Argentina, la de mayor concentración demográfica, empieza a mostrar patrones de riesgo similares a los del NEA y NOA, áreas donde olas de calor y lluvias intensificadas crean ambientes ideales para la transmisión de ETD. De acuerdo con la infectóloga y vicepresidenta de la Sociedad Argentina de Vacunología y Epidemiología (SAVE), Analía Urueña, “el cambio climático está alterando los patrones epidemiológicos y nos exige replantear las medidas de prevención sanitaria, especialmente frente a aquellas enfermedades inmunoprevenibles, como el dengue, para las que determinadas poblaciones presentan un riesgo aumentado”.En el caso específico del dengue, la Argentina enfrenta una circulación durante todo el año, desplazando la estacionalidad tradicionalmente asociada al verano. El escenario sanitario argentino debe lidiar además con otras ETD presentes en el territorio, como Chagas, lepra, sarna, rabia, mordeduras de serpiente, micetoma, teniasis, cisticercosis, helmintiasis, trematodiasis de transmisión alimentaria, leishmaniasis e hidatidosis.
Respecto de las estrategias de prevención frente al dengue, las medidas tradicionales como la eliminación de recipientes con agua estancada y el empleo de repelentes y mosquiteros siguen siendo ejes centrales. La novedad surge del uso de vacunas: Takeda, laboratorio responsable del desarrollo de la vacuna tetravalente contra el dengue aprobada por ANMAT en 2023 para personas mayores de cuatro años, presentó estudios que evidencian protección sostenida a siete años contra los cuatro serotipos tras un esquema de dos dosis en 90 días, sin importar antecedentes de infección previa.
Los resultados disponibles hasta hoy avalan un perfil favorable de beneficio/riesgo, y confirman que las dos aplicaciones aseguran una protección persistente. Esto se alinea con recomendaciones ya vigentes en varias naciones y sugiere que sería posible simplificar los programas de vacunación, mejorando la adhesión de la población. Persisten dudas, sin embargo, sobre la eficacia en pacientes sin infección previa ante algunos serotipos, en particular el 3 y el 4.
La coadministración junto a otras vacunas —hepatitis A, fiebre amarilla, vacuna contra el VPH, antigripal o contra la COVID-19— “representa una ventaja significativa”, según la Dra. Lloveras, también fundadora de la Sociedad Latinoamericana de Medicina del Viajero (SLAMVI) y parte de la Sociedad Argentina de Infectología (SADI).La elaboración de consensos técnicos ha cobrado relevancia. Un documento presentado por cuatro sociedades científicas —SADI, SADIP, SLAMVI y SAVE—, bajo coordinación del Centro de Estudios para la Prevención y Control de Enfermedades Transmisibles (CEPyCET) de la Universidad Isalud, evaluó en detalle la experiencia global y nacional con la vacuna tetravalente. El dictamen afirma dos aspectos determinantes en salud pública: la seguridad y la eficacia de la vacuna frente al dengue virológicamente confirmado y en sus manifestaciones más graves, incluidas las hospitalizaciones.
En este sentido, Urueña precisó: “La investigación incluyó un análisis detallado de toda la evidencia disponible y ratificó un perfil de seguridad adecuado, así como su efectividad para prevenir casos de dengue sintomático y, más aún, hospitalizaciones por cuadros severos, especialmente aquellos provocados por los serotipos DEN-1 y DEN-2”.
La OPS sostiene, a partir de su experiencia territorial, que para lograr el control y la eventual eliminación de estas enfermedades, es indispensable una colaboración sistemática entre gobiernos, equipos de salud y organizaciones civiles, además de fortalecer la vigilancia y gestión de datos confiables.
INFOBAEZ







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