Muchos creen que la corrupción solo existe en la política partidaria, pero la realidad es que en el deporte también se vive una situación preocupante, y en algunos casos igual o peor.
Hay dirigentes que, una vez llegan a una federación o asociación, olvidan que su deber es servir al deporte y a los atletas. En lugar de trabajar por el desarrollo deportivo, concentran sus esfuerzos en proteger intereses personales y mantenerse en el poder. Lo más preocupante es que, en muchos casos, no convocan elecciones transparentes y buscan permanecer de manera indefinida en sus cargos, cerrando el paso a nuevas ideas y a nuevos líderes. El deporte debe ser sinónimo de disciplina, transparencia, oportunidades y juego limpio, no de intereses particulares ni de eternizarse en una posición. Es momento de exigir instituciones deportivas más democráticas, con rendición de cuentas y dirigentes comprometidos con el futuro de nuestros atletas, no con sus propios beneficios. Publicado por- Ricardo Rosario







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