Cada año, los médicos de un hospital en la provincia de Yunnan, en China, se preparan para recibir una afluencia de personas con una dolencia inusual.
Los pacientes presentan un síntoma sorprendentemente extraño: visiones de figuras diminutas, parecidas a duendes, que marchan debajo de las puertas, trepan por las paredes y se aferran a los muebles.
El hospital trata cientos de estos casos anualmente.
Todos comparten un origen común: la Lanmaoa asiatica, un tipo de hongo que forma relaciones simbióticas con los pinos en los bosques cercanos y que es un alimento popular en la región, conocido por su sabor sabroso y su umami.
En Yunnan, la L. asiatica se vende en los mercados, aparece en los menús de los restaurantes y se consume en los hogares durante la temporada alta de hongos, entre junio y agosto.
"Los veían en su ropa al vestirse y en sus platos al comer", añadieron los investigadores. Las visiones "eran aún más vívidas con los ojos cerrados".
Ya en la década de 1960, Gordon Wasson y Roger Heim, el autor estadounidense y el botánico francés que dieron a conocer la existencia de los hongos psilocibina al público occidental, encontraron algo similar en Papúa Nueva Guinea.
Buscaban un hongo que, según un equipo de misioneros que había visitado la zona 30 años antes, provocaba que los lugareños se volvieran "locos", algo que un antropólogo denominó posteriormente la "locura de los hongos".
Sin saberlo, lo que encontraron se parece sorprendentemente a los informes actuales de China.
Recolectaron especímenes de la especie sospechosa y los enviaron a Albert Hofmann, el químico suizo que descubrió el LSD, para su análisis.
Pero Hofmann no logró identificar ninguna molécula de interés.
El equipo concluyó que las historias que habían escuchado en el campo debían ser relatos culturales en lugar de tener una base farmacológica, y no se hizo ninguna investigación adicional.
No fue hasta 2015 que los investigadores describieron y nombraron formalmente a la L. asiatica, aún sin muchos detalles sobre sus propiedades psicoactivas.
Por lo tanto, el primer objetivo de Domnauer ha sido determinar la verdadera identidad de la especie.
Un viaje de descubrimientos
En 2023, viajó a Yunnan durante la temporada alta de hongos en verano. Recorrió los extensos mercados de hongos de la provincia y preguntó a los vendedores qué hongos "hacían ver personas diminutas".
Compró los que le señalaron los vendedores, entre risas, y llevó los especímenes al laboratorio para secuenciar sus genomas.
Esto confirmó la identidad de la L. asiatica, asegura.
En una investigación que está preparando para su publicación, los extractos químicos de los especímenes de laboratorio produjeron cambios en el comportamiento de ratones similares a los reportados en los humanos.
Tras la administración de los extractos de hongos, los ratones experimentaron un período de hiperactividad seguido de un largo estupor durante el cual apenas se movían.
Domnauer también visitó Filipinas, donde había oído rumores de un hongo que causaba síntomas similares a los descritos en los registros históricos de China y Papúa Nueva Guinea.
Los especímenes que recolectó allí tenían un aspecto ligeramente diferente a los chinos: eran más pequeños y de color rosa claro, en comparación con los hongos chinos, que eran más grandes y rojizos, según explica.
Sin embargo, sus análisis genéticos revelaron que se trataba de la misma especie.
En diciembre de 2025, el tutor de Domnauer también visitó Papúa Nueva Guinea para buscar los hongos mencionados en los registros de Wasson y Heim, cuya identidad, según el investigador, "sigue siendo una gran incógnita".
Sin embargo, no lograron encontrar ninguno, por lo que el misterio persiste.
"Podría ser la misma especie, lo cual sería sorprendente porque Papúa Nueva Guinea normalmente no comparte especies con China y Filipinas", dice Domnauer.
O podría ser una especie diferente, lo cual sería aún "más interesante desde una perspectiva evolutiva", añade.
Esto significaría que los mismos efectos liliputienses han evolucionado de forma independiente en diferentes especies de hongos en partes del mundo completamente distintas.
Efectos inusualmente prolongados
Existen precedentes de este fenómeno en la naturaleza.
Científicos, incluidos algunos que trabajan en el mismo laboratorio que Domnauer, descubrieron recientemente que la psilocibina, la molécula psicodélica presente en los hongos alucinógenos, evolucionó de forma independiente en dos tipos de hongos lejanamente emparentados.
Pero no es la psilocibina la que produce el efecto liliputiense en los hongos L. asiatica, afirma Domnauer.Él y su equipo aún intentan identificar el compuesto químico responsable de las alucinaciones en la L. asiatica.
Las pruebas actuales sugieren que probablemente no esté relacionado con ningún otro compuesto psicodélico conocido.
Para empezar, los efectos que produce son inusualmente prolongados, con una duración de entre 12 y 24 horas, e incluso en algunos casos se requiere de una hospitalización de hasta una semana.
Debido a la duración extraordinariamente larga de estos efectos y la posibilidad de efectos secundarios prolongados como delirio y mareos, Domnauer aún no ha probado los hongos crudos.
Estos viajes alucinógenos tan intensos podrían explicar por qué en China, Filipinas y Papúa Nueva Guinea no parece existir la tradición de buscar deliberadamente la L. asiatica por sus efectos psicoactivos, según los hallazgos de Domnauer.
"Siempre se consumía como alimento", dice Domnauer, y las alucinaciones eran un efecto secundario inesperado.
Existe otro factor curioso: otros compuestos psicodélicos conocidos suelen producir experiencias idiosincráticas que varían no solo de persona a persona, sino también de una experiencia a otra en el mismo individuo.
Sin embargo, con L. asiatica, "la percepción de personas pequeñas se reporta de forma muy fiable y repetida", asegura Domnauer.
"No conozco ningún otro compuesto que produzca alucinaciones tan consistentes", continúa.
Investigación y farmacología
Comprender este hongo no será tarea fácil, dice Domnauer, pero al igual que con los estudios de otros compuestos psicodélicos, la investigación científica que genere podría abordar las grandes preguntas sobre la conciencia y la relación entre la mente y la realidad.
También podría proporcionar pistas importantes sobre qué causa las alucinaciones liliputienses espontáneas en personas que no consumen L. asiatica.
Esta afección es rara, y hasta 2021, solo se habían reportado 226 casos no relacionados con hongos desde que se describieron por primera vez las alucinaciones liliputienses en 1909.
Pero para estas pocas personas, las consecuencias pueden ser graves: un tercio de los pacientes con casos no relacEstudiar la L. asiatica podría ayudar a los científicos a comprender mejor los mecanismos cerebrales que subyacen a estas visiones liliputienses que ocurren de forma natural, e incluso podría conducir a nuevos tratamientos para personas que desarrollan esta afección neurológica, afirma Domnauer.
"Ahora podríamos comprender en qué parte del cerebro se originan las alucinaciones liliputienses", dice Dennis McKenna, etnofarmacólogo y director de la Academia McKenna de Filosofía Natural, un centro educativo sin fines de lucro en California, Estados Unidos.
El académico coincide en que comprender los compuestos del hongo podría dar lugar a nuevos descubrimientos farmacológicos.
"¿Existe una aplicación terapéutica? Aún está por verse", añade McKenna.
Los investigadores estiman que se ha descrito menos del 5% de las especies de hongos del mundo, por lo que los hallazgos también destacan el "enorme potencial" de descubrimiento en los ecosistemas del planeta, cada vez más reducidos, sostiene Furci, cuyo trabajo se centra en la exploración del reino de los hongos.
"Los hongos poseen una vasta biblioteca bioquímica y farmacológica que apenas estamos empezando a explorar", dice Furci.
"Todavía hay un mundo de descubrimientos por hacer".
BBC







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