9.3.17

La vida en las celdas de aislamiento: "A mí me dio locura. A otras, por matarse"


aislamiento

21 horas al día encerrada en un cuarto de 12 metros cuadrados, con sólo tres horas al día de salida a un patio pequeño y totalmente incomunicada del resto de reclusas y, por supuesto, de la sociedad.


Eva no es su nombre real, sino el de una mujer que murió en una celda de aislamiento. Usa el nombre de su compañera para homenajearla.

Ella sí salió con vida después de pasar dos años en esa reclusión propia del medievo y de una lógica de castigo que poco tiene que ver con la idea de las cárceles como vía para la reinserción.

Un reciente informe de la Coordinadora para la Prevención y Denuncia de la Tortura denunció que en 2016 en Cataluña 2.156 personas pasaron por el régimen de aislamiento. Estos meses el Parlament ha creado un grupo de trabajo para exponer e intentar corregir las violaciones de derechos humanos que se sufren en este régimen.

Para Eva, lo peor eran los cacheos diarios. “Una vez me pilló la locura y empecé a amenazarlos a todos. Al verme agitada, por primera vez me dejaron dormir durante el día”, cuenta. “A otras les dio por quitarse la vida”. Recuerda a cuatro compañeras que lo hicieron.

Una funcionaria más amable le insistía para que saliera al patio. “De nicho pequeño a nicho grande, me quedo en el pequeño”, respondía ella, aunque alguna vez la convenció regalándole un cigarro.

Extoxicómana, Eva pasó varias veces por el régimen de aislamiento. Una vez por rebelarse tirando vasos y sillas en la cocina de la cárcel como protesta porque la separaron de su compañera de celda. “Era lo único que tenía”, asegura.

En otra ocasión, la acusaron —sin base, según ella— de un intento de motín porque las reclusas estaban insistiendo en conocer las circunstancias de la muerte de otra compañera en una celda de aislamiento.

Eva no tiene noción del tiempo cuando recuerda sus días en aislamiento. Es como si el mismo día se repitiera en bucle, entre sudokus, la desesperación y los primeros libros que leyó en su vida: La reina del sur y El amante lesbiano

Guarda el vago recuerdo de haber sido atada en la cama sin colchón durante unas horas. Ese tipo de tortura ha sido denunciada por otros abogados y médicos consultados por PlayGround, que señalan que en ocasiones los presos defecaban y se orinaban encima y pasaban unas horas con los excrementos en la ropa.


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