Los manifestantes se reunieron de manera espontánea en la Plaza de la República en París, cerca de donde ocurrió el atentado terrorista que dejó 12 muertos. En las principales ciudades del país y de Europa también hubo convocatorias
as amenazas eran constantes. Incluso, cuando uno ingresaba al sitio web de Charlie Hebdo, podía
leer la advertencia y el miedo que tenían sus autoridades como
consecuencia del anterior atentado, donde incendiaron la antigua sede de
la revista. En ese comunicado, también agradecían a amigos, colegas y
novias por la ayuda para poder encontrar una nueva casa donde trabajar.
Por estas horas, varias son las sensaciones en Francia: indignación, bronca y pedido de justicia son las más recurrentes en las principales ciudades francesas. Pero también hay un interrogante que recorre redacciones y cafés: ¿qué fue lo que falló?
Los "desprolijos" y fugaces videos que pudieron verse por las redes sociales primero y las cadenas internacionales después muestran a dos
terroristas islámicos armados con fusiles de asalto AK-47, lo que
parecen ser chalecos antibalas, el rostro cubierto y total impunidad en
su accionar. No eran suicidas: tenían planificado y calculado al
extremo la manera de abandonar la escena del crimen después de los
asesinatos.
Aunque ninguna teoría fue descartada, es casi improbable que se trate de "lobos solitarios", por la sofisticación del golpe dado en el centro de París.
La coordinación logística y la manera en que se esfumaron reflejan una
planificación exhaustiva que no dejó detalle suelto. Algunos
investigadores ya hablan de una célula de la banda sunita Al Qaeda que habría planificado el crimen. La
frialdad con que rematan a un policía moribundo en el suelo, mientras
clamaba por su vida, también refleja la preparación que tenían los
asesinos.

Incluso los terroristas islámicos -que irrumpieron en el edificio al alarido de "¡Allahu Akbar!" ("Alá es grande")- tenían información precisa de los horarios en que la cúpula editorial de Charlie Hebdo
se reuniría: los periodistas fueron sorprendidos en momentos en que
discutían el próximo ejemplar. La pesadilla -que duró entre cinco y diez
minutos- ocurrió a la vista de los demás periodistas y personal,
algunos de los cuales lograron escapar de las balas de las Kalashnikov.
Como consecuencia de las amenazas de muerte que los dibujantes
recibían por parte de fanáticos musulmanes, el director de la
publicación, Stéphane Charbonnier (Charb), tenía una custodia. Según afirma la Policía de París, los oficiales designados para proteger al humorista eran de élite. "Charb estaba protegido por el servicio VIP de protección. Las amenazas eran constantes", confirmó su abogado, Richard Malka.
"La seguridad estaba relajada", señaló el periodista de la editorial Antonio Fischetti, quien no se encontraba en el lugar en el momento del asalto terrorista. "Las
amenazas contra Charlie eran constantes, continuas, habituales. No hubo
más recientemente, pero la seguridad estaba relajada. Después del
incendio de 2011, había un auto de policía abajo del diario. Pero desde
hace un tiempo, un mes o dos, no hubo más. Ellos tenían el lugar. Ellos
(los terroristas) esperaron el momento justo", agregó. La información fue confirmada por el fiscal François Molins.
Sin
embargo, no sólo la seguridad fue lo que falló. ¿Hubieran podido dos
simples policías repeler el accionar de dos profesionales del terror?
Las crítiicas a François Hollande podrían
multiplicarse en los próximos días. Se cree que el gobierno francés no
hizo lo suficiente para prevenir este tipo de ataque, en momentos en que
el terrorismo islámico y la yihad crecen y muestran su poderío a
diario. Sobre todo teniendo en cuenta el reclutamiento que los
extremistas realizan en las principales capitales europeas.





