"El proceso de cambiar del
béisbol cubano a las Grandes Ligas ha sido difícil, pero al final se trata de
un sueño hecho realidad", indicó Abreu, el cuarto cubano en ganar el
premio. "No tengo palabras para describir este momento".
Durante la temporada, Abreu arrojó su
mejor producción de jonrones en los primeros tres meses, de 69 juegos, al pegar
25. Luego disparó 11 en 76 partidos entre julio y septiembre. A contravía su
promedio de bateo fue mejor en la segunda parte con .352, respecto del .279
registrado en la primera.
"Se nos hizo así de manera
espontánea, es por lo difícil que es este béisbol", dijo Abreu.
Se trata del segundo año seguido que
un cubano gana el premio al mejor novato y el cuarto en la historia. El as de
los Marlins José Fernández fue consagrado en 2013, mientras que previamente fue
galardonados Tony Oliva (Mellizos) en 1968 y José Canseco (Atléticos) en 1986.
Abreu confía que su premio servirá de
inspiración para que futuras generaciones sepan que jugar en Grandes Ligas no
es un sueño imposible.
"Todo el que se siente cubano
debe sentirse orgulloso", afirmó. "Esto sirve para que los jóvenes se
motiven y se entrenen para llegar lo antes posible".
También es el sexto pelotero de los
Medias Blancas en ganar el laurel, siguiendo al venezolano Luis Aparicio
(1956), Gary Peters (1963), Tommie Agee (1966), Ron Kittle (1983) y al
venezolano Ozzie Guillén (1985).
DeGrom debutó contra los Yanquis el
15 de mayo, un mes antes de cumplir 26 años.
Luego de irse sin victorias en sus
primeras siete aperturas con 4.39 de efectividad, deGrom procedió a ganar nueve
de sus últimas 11 decisiones con un promedio de carreras limpias de 1.99.
Redondeó su foja en la campaña en 9-6 y alcanzó 2.69 de efectividad.
El 2 de agosto, el derecho llevó un
juego sin hits hasta el séptimo inning, el cual fue roto por Pablo Sandoval de
los Gigantes al batear un doble con dos outs. Además, el 15 de septiembre,
ponchó a los ocho primeros bateadores, igualando el récord para el inicio de un
juego.
DeGrom es el quinto jugador de los
Mets en ganar el premio, uniéndose a Tom Seaver (1967), Jon Matlack (1972),
Darryl Strawberry (1983) y Dwight Gooden (1984).





