Hoy hablo acerca de la tragedia ocurrida en el Aeropuerto Internacional de La Romana.
Más allá de buscar culpables antes de que concluyan las investigaciones, entiendo que de este lamentable hecho debemos sacar lecciones importantes.
La Romana ha crecido como un destino turístico de relevancia internacional, Contamos con un aeropuerto, puertos de cruceros y una llegada constante de visitantes de distintas partes del mundo.
Sin embargo, esta tragedia nos obliga a preguntarnos: ¿qué tan preparados estamos para responder ante una emergencia de gran magnitud?
La gestión de riesgos no puede recaer únicamente sobre las empresas privadas. El Estado debe acompañar, supervisar y fortalecer a las instituciones encargadas de prevenir y responder a situaciones de desastre.
La seguridad de ciudadanos y visitantes es una responsabilidad compartida. Y es válido hacer una reflexión: si este accidente hubiera ocurrido en una zona densamente poblada de nuestra ciudad, hoy quizás estaríamos hablando de una tragedia mucho mayor.
Por eso, más que señalar, debemos aprender, corregir y prepararnos mejor.
Las grandes tragedias dejan dolor, pero también enseñanzas. Lo peor que podría pasar es que, una vez más, dejemos pasar la oportunidad de mejorar y fortalecer nuestros sistemas de prevención y respuesta. Porque cuando se trata de vidas humanas, la improvisación nunca puede ser una opción.







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