Ayer vivimos una experiencia verdaderamente extraordinaria.
Un general del Comando Sur de los Estados Unidos nos confesó que, a pesar de toda una carrera militar de servicio, nunca había tenido la oportunidad de abordar uno de los portaaviones que participan en las operaciones de combate al narcotráfico y al narcoterrorismo. Esa sola reflexión nos permitió comprender la dimensión y el privilegio de esta invitación.
Subir al USS Nimitz es encontrarse con una ciudad flotante donde más de 5,000 hombres y mujeres viven, trabajan y cumplen una misión con un nivel de disciplina, organización y compromiso difícil de describir. Cada espacio, cada maniobra y cada demostración reflejan décadas de preparación, tecnología y vocación de servicio.
Las exhibiciones realizadas para la República Dominicana fueron impresionantes, pero quizás lo más impactante fue percibir el orgullo y la pasión de quienes sirven a bordo. En especial, la del capitán del USS Nimitz, Coronel Joseph J. Furco, cuyo liderazgo y amor por su país se reflejaban en cada palabra y en cada detalle de la visita.
Más allá de la magnitud de esta imponente embarcación, la experiencia nos recordó que las grandes instituciones se construyen sobre valores, disciplina, propósito y el compromiso de miles de personas que trabajan cada día por una misión común.
Una visita inolvidable que fortalece los lazos de amistad y cooperación entre los Estados Unidos y la República Dominicana








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